Aunque soy mexicano, es alarmante ver en las noticias la cantidad de tiroteos y asesinatos que hay en Estados Unidos, un país que se dice el mejor del mundo, la máxima potencia global, pero que está siendo acribillado lentamente por las armas. Legalizar o no las armas de fuego ha desatado un sinfín de debates, donde no se llega a ningún punto. La mitad piensa que deberían prohibirlas y la otra mitad que si lo hacen no tendrían como defenderse de los locos que cometen homicidios, pero la otra mitad responde que estas masacres son debido a la facilidad con la que consiguen el armamento. Si verlo en la televisión a una distancia considerable puede ser traumático, vivirlo en carne propia te deja una huella imborrable, y yo tuve la mala fortuna de experimentar un hecho de cerca.

Un amigo me invitó a su casa en Estados Unidos, pues quería que nos viéramos y de paso lo ayudara a elegir un nuevo hogar. Él ya había buscado ‘homes for sale in San Diego’ y tenía varios objetivos en la mira, pero no había ido a verlas y no quería tomar una decisión solo, pues recientemente perdió a su hermano en uno de los tiroteos. Así que acepté ir, además de que él se ofreció a pagarme el avión. A caballo regalado no se le ve colmillo. Lo primero que hicimos fue ponernos al corriente con nuestras vidas mientras bebimos más de un par de cervezas. Nunca le pregunto de su hermano porque sé que eso le afecta, pero el destino no deja que olvides nada y siempre te lo recordará de una forma buena o terrible. En nuestro caso fue la segunda.

Al día siguiente de que llegué fuimos a ver una de las casas que tenía en mente comprar, era un barrio muy bonito, con casas a la antigua y que se sentía el calor hogareño flotar por los aires. La señorita, muy guapa por cierto, que nos estaba dando un recorrido por el inmueble, fue la primera en reaccionar cuando se escuchó la primera ráfaga de una metralleta, que después supimos era un cuerno de chivo. Las balas comenzaron a atravesar las paredes de diferentes casas, incluida en la que estábamos. Como era de esperarse, mi amigo quedó en shock, no podía moverse, así que yo casi que lo jalaba para que se resguardara, pero al hacerlo quedé expuesto y una bala me dio en el brazo y la sangre comenzó a brotar a chorros hasta que me desmayé.

Desperté en un hospital, cuidado por algunos policías que en cuanto vieron que abrí los ojos comenzaron a interrogarme. Les conté lo que sucedió hasta que recibieron un aviso por radio de que había localizado al loco que inició el tiroteo. Justo a tiempo, pues sentía que por ser mexicano estaba involucrado de algún modo, pese a que fui herido. Vaya ironía. Mi amigo decidió regresarse a México conmigo e iniciar una nueva vida, creo que fue la mejor decisión porque estará con sus padres, aunque la delincuencia quizá está peor en nuestro país.