Al iniciar nuestra vida laboral y empezar a formar un historial financiero, también podemos comenzar a plantearnos algunos proyectos de inversión. Muchas veces, entre los primeros gastos que hacemos están nuestros “gustitos”; esos artículos o experiencias especiales, de los que siempre habíamos querido gozar, pero que no podíamos permitirnos al carecer de ingresos propios.

Pasada esta primera etapa de compras que pueden hacernos muy felices, pero que por lo general no corresponden a verdaderas necesidades, pensamos en adquirir cosas que nos resulten más útiles o que faciliten algunas de nuestras tareas. Si tenemos el proyecto de trabajar por cuenta propia, consideramos invertir en una computadora, software y otros accesorios que nos permitan habilitar un estudio u oficina en casa. O si decidimos independizarnos y comenzar a vivir solos, podemos pensar en comprar los muebles y electrodomésticos que nos ayudarán a ambientar nuestro nuevo hogar.

Para el momento en que ya hemos logrado una mayor estabilidad laboral y financiera, llega el tiempo de pensar en las grandes inversiones; aquéllas que se destinarán a la adquisición de bienes y propiedades de larga duración, con los que empezaremos a formar nuestro patrimonio. Entre tales inversiones, por supuesto, se encuentra la compra de una casa o departamento.

Si bien las perspectivas al respecto están cambiando y en la actualidad muchos adultos se toman su tiempo para optar por la compra de una casa, esto no quiere decir que la compra de bienes inmuebles vaya en descenso. Como ejemplo, baste mencionar la venta de departamentos en la Condesa, una de las colonias más cotizadas para vivir en la Ciudad de México. Por tanto, pese a que muchas personas consideran el alquiler como la mejor opción para satisfacer sus necesidades de vivienda, mientras encuentran el lugar o el tipo de trabajo en los que les gustaría establecerse de manera definitiva, eventualmente llega la etapa en la que se piensa en comprar.

Es bien sabido que la inversión en bienes inmuebles es una de las más fuertes e importantes que se pueden hacer. Por lo general, no se trata de un gasto que se cubra en un solo desembolso, pues pocas son las personas que podrían reunir los recursos necesarios para comprar una propiedad al contado. La mayoría delos trabajadores recurren a la opción del crédito hipotecario para comprar su vivienda, el cual van pagando poco a poco, durante periodos que pueden extenderse hasta los 20 años.

¿Esto quiere decir que no necesito ahorrar para comprar una casa, puesto que la opción del crédito me permitirá ir pagando a plazos? En modo alguno. Para comprar una casa o departamento a crédito, es necesario dar un enganche y mientras mayor sea la cantidad que se pueda pagar por este monto, menor será el tiempo que pasaremos atados a una hipoteca.

Entonces, la primera medida para proteger tus finanzas al comprar un inmueble es la de ahorrar lo suficiente para poder dar un buen enganche y también para contar con un “colchón” que te permita continuar con los pagos mensuales, en caso de que tengas algún problema con tus fuentes de ingresos.

La segunda medida tiene que ver, precisamente, con la estabilidad de dichas fuentes. En esta vida nada está completamente garantizado, pero sí hay situaciones que pueden darnos mayor seguridad que otras. No adquieras un compromiso tan serio como el pago de una hipoteca, si no tienes un ingreso fijo o un fondo de ahorro que te mantenga a flote ante los imprevistos y emergencias.

La tercera medida que mencionaremos es la de tratar con inmobiliarias e instituciones crediticias seguras; es decir, que tengan el respaldo de instituciones y autoridades nacionales, que regulen sus operaciones y den constancia de su legalidad.