Aunque la canción diga que se puede tropezar de nuevo y con la misma piedra, lo más recomendable es que se aprenda de la primera vez. Esto se los comento porque la semana que acaba de pasar y en la que me quedé en casa de mi abuelita materna porque se iba a quedar sola, viví un momento de tensión y pánico, el cual logré superar con satisfacción, por lo que el médico que atendió a mi abuela me felicitó, ya que la deficiencia respiratoria pude haberse complicado.

¿A qué viene todo esto? Pues les quería contar que la primera vez que me sucedió algo así, donde alguien que está a tui cuidado se enferma y debes reaccionar, fue cuando vivía con la mamá de mi papá. Un día cuando regresaba de clases la escuché quejándose de un dolor muy fuerte en su pie, yo no sabía qué hacer, a quién llamar, pues no quería hablarle a mis padres para no preocuparlos. Mi cerebro no dio para mucho y su primera reacción fue buscar en google ‘pie diabético tratamiento’, ‘¿Por qué le duele el pie a un diabético?’, ‘¿Qué hago si a mi abuela le duele el pie y tiene diabetes?’. Perdí unos cinco minutos entrando de página en página y no me sirvieron de nada.

Lo siguiente que hice fue sobarle el pie, según mis pensamientos en estado de shock eso aliviaría su dolor, como un ‘sana, sana, colita de rana’. Pero que equivocado estaba, sólo sirvió para molestar más a mi abuela, que no pensaba en nada más que quejarse del terrible dolor que sufría, así que no podía darme algún consejo. Entonces recibí una llamada a la casa, era mi tío, quien buscaba a mi papá, entonces le comenté lo que estaba pasando y me dijo que me tranquilizara, que iba a ir por mí y por su mamá para llevarnos al doctor. Entre el pánico que sentía y la desesperación de no saber qué hacer, sólo pensé en cargar a mi abuelita y bajarla por las escaleras, pero ella se negó y tenía razón. Pude haberme caído y los dos terminaríamos muy mal.

Llegó mi tío, fuimos al hospital y la atendieron. El médico dijo que su circulación estaba fallando y que por eso era el dolor, que no era grave pero tenía que seguir una serie de recomendaciones para que no se volviera a repetir. Yo me sentía avergonzado, pues ya con la mente más tranquila pensé que lo más fácil era haber llamado un taxi, llevarla al hospital de siempre y decirle a los doctores que pagaría en cuanto llamara a alguno de mis familiares responsables, pues yo era menor de edad.

Mi tío me dijo que aprendiera de la situación vivida, pues iba a haber más ocasiones en las que la vida de una persona podía estar en mis manos, por lo que una reacción atinada sería fundamental a la hora de actuar para ayudar o perjudicar a la persona que estamos cuidando. Tres años después volvió a pasar con mi otra abuelita, y a diferencia de Alicia Villarreal, ya no tropecé de nuevo con la misma piedra.